Este fin de semana he estado en Zaragoza. Han sido unos días muy amables, tranquilos y entrañables.
En lo que a vosotros os compete, el viernes estuve viendo a la Costa Brava en la sala Jane Birkin (a cualquiera se le olvida después del poema de Octavio), el sábado por la mañana fui a la presentación del libro de Octavio Gómez Milián, "Con el sueño cambiado"; y por la noche acudí a la lata de bombillas a ver a Copiloto. Sobresaliente.
Vayamos por partes.
La Costa Brava hizo un acústico con bastante público, con poco ensayo y con muchas grandes canciones. Se les perdonan todos los desafines por ser Sergio y Nixon, ya se sabe que su fuerte no son los directos. Pero, ¿y lo bien que lo pasamos cantando y desafinando con ellos?
El libro de poesía era pequeño, que para eso es un libro de poesía y no de prosa. El forum de la Fnac estaba lleno, madres, abuelas, hijos... y amigos, claro. Primero una ronda de presentación oficial: mesa, micros y elogios. Segundo un set de canciones y poemas entre los que destacaron, a mi juicio, guiños gusaneros que, qué queréis que os diga, me conmueven el corazón.
Copiloto, me cuesta poco, sonaba muy bien. Cinco músicos de aquí y de allá cantando las canciones de un copiloto. Muy seguro en su directo. La guinda del pastel para mí, ya sabéis de qué pie cojeo, fue la versión de El jefe de las tortugas. Como si El Niño Gusano hubieran resucitado. Gracias.
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lunes, abril 14, 2008
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