El fin de semana pasado fue muy completo. El viernes por la noche estuvimos viendo al maquinista en persona, atentos a como cambiaban de planos (pocos) e intercalaban piezas.
El sábado por la mañana hicimos una excursión al pueblo, eran las fiestas y mi padre el pregonero. (¡Qué importante!) Petardos, trompetas para niños, harina, viento y mucha gente sana y robusta de pueblo. Sobrinos. Por estas sorpresas que te da la vida, nos llovieron unas entradas para la expo en su penúltimo día de vida. Bueno, pues ya que las tenemos habrá que ir, ¿no? Además hoy toca Calamaro.
Fuimos por la noche "Aforo completo en el anfiteatro" decían los carteles. Bueno, no pasa nada, ya lo escucharemos desde fuera.
Dimos un paseo por ranillas y vimos los cuatro pabellones que aún quedaban abiertos. Robé un trozo de la pared del pabellón de África (ya saben, si Mahoma no va a la montaña...).
12.30, empezaba el argentino a cantar. ¿Nos acercamos, o qué? Venga. Pasamos por delante de la puerta y una fililla de gente iba entrando. Sí, nos colamos.
Y allí me reencontré con Andrés. Tenía mal recuerdo de él sobre un escenario, no podía cantar, se caía. Pero el sábado estaba sembrado, hacía bromas, corría y movía los brazos como una gallina; ¿qué más se puede pedir?
Hoy, cuando he leido esto en el País, he decidido que vuelvo a querer a Calamaro.
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jueves, septiembre 18, 2008
jueves, septiembre 11, 2008
Yo estuve allí
Aunque anoche no fui a la Expo, estuve allí. Por teléfono escuché "y quise cambiar de vida con la chica del 2ºb y llamé..."
No nos engañemos, me hubiera encantado haber estado allí, despidiendo a Sergio como se merece. Pero no pudo ser y, quizá para consolarme, pensé que era mejor así. Recordar a La Costa Brava en todo su conjunto. Los dos últimos conciertos de La Costa en los que estuve fueron dos semanas seguidas, el primero en Zaragoza y el segundo en La Casa Encendida en Madrid.
Prefiero recordar a La Costa Brava así, Sergio a un lado, Fran a otro, pandereta va y viene, bailes, risas y desafines.
No nos engañemos, me hubiera encantado haber estado allí, despidiendo a Sergio como se merece. Pero no pudo ser y, quizá para consolarme, pensé que era mejor así. Recordar a La Costa Brava en todo su conjunto. Los dos últimos conciertos de La Costa en los que estuve fueron dos semanas seguidas, el primero en Zaragoza y el segundo en La Casa Encendida en Madrid.
Prefiero recordar a La Costa Brava así, Sergio a un lado, Fran a otro, pandereta va y viene, bailes, risas y desafines.
lunes, abril 14, 2008
Fin de semana gusanero
Este fin de semana he estado en Zaragoza. Han sido unos días muy amables, tranquilos y entrañables.
En lo que a vosotros os compete, el viernes estuve viendo a la Costa Brava en la sala Jane Birkin (a cualquiera se le olvida después del poema de Octavio), el sábado por la mañana fui a la presentación del libro de Octavio Gómez Milián, "Con el sueño cambiado"; y por la noche acudí a la lata de bombillas a ver a Copiloto. Sobresaliente.
Vayamos por partes.
La Costa Brava hizo un acústico con bastante público, con poco ensayo y con muchas grandes canciones. Se les perdonan todos los desafines por ser Sergio y Nixon, ya se sabe que su fuerte no son los directos. Pero, ¿y lo bien que lo pasamos cantando y desafinando con ellos?
El libro de poesía era pequeño, que para eso es un libro de poesía y no de prosa. El forum de la Fnac estaba lleno, madres, abuelas, hijos... y amigos, claro. Primero una ronda de presentación oficial: mesa, micros y elogios. Segundo un set de canciones y poemas entre los que destacaron, a mi juicio, guiños gusaneros que, qué queréis que os diga, me conmueven el corazón.
Copiloto, me cuesta poco, sonaba muy bien. Cinco músicos de aquí y de allá cantando las canciones de un copiloto. Muy seguro en su directo. La guinda del pastel para mí, ya sabéis de qué pie cojeo, fue la versión de El jefe de las tortugas. Como si El Niño Gusano hubieran resucitado. Gracias.
En lo que a vosotros os compete, el viernes estuve viendo a la Costa Brava en la sala Jane Birkin (a cualquiera se le olvida después del poema de Octavio), el sábado por la mañana fui a la presentación del libro de Octavio Gómez Milián, "Con el sueño cambiado"; y por la noche acudí a la lata de bombillas a ver a Copiloto. Sobresaliente.
Vayamos por partes.
La Costa Brava hizo un acústico con bastante público, con poco ensayo y con muchas grandes canciones. Se les perdonan todos los desafines por ser Sergio y Nixon, ya se sabe que su fuerte no son los directos. Pero, ¿y lo bien que lo pasamos cantando y desafinando con ellos?
El libro de poesía era pequeño, que para eso es un libro de poesía y no de prosa. El forum de la Fnac estaba lleno, madres, abuelas, hijos... y amigos, claro. Primero una ronda de presentación oficial: mesa, micros y elogios. Segundo un set de canciones y poemas entre los que destacaron, a mi juicio, guiños gusaneros que, qué queréis que os diga, me conmueven el corazón.
Copiloto, me cuesta poco, sonaba muy bien. Cinco músicos de aquí y de allá cantando las canciones de un copiloto. Muy seguro en su directo. La guinda del pastel para mí, ya sabéis de qué pie cojeo, fue la versión de El jefe de las tortugas. Como si El Niño Gusano hubieran resucitado. Gracias.
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