viernes, octubre 13, 2006


Menos mal que el principito cayó en medio del Sahara extraviado de su asteroide B-612. ¿Qué hubiera pasado si hubiera caído en medio de una gran ciudad? Él, un hombrecito acostumbrado a la calma de un asteroide, donde nadie le molestaba excepto unos baobabs y unos volcanes en extinción. Él que podía ver la puesta de sol cuantas veces quisiera con sólo mover la silla, ¿qué pensaría de nosotros?
Era un hombre melancólico y a veces estaba triste por los problemas y los peligros que acechaban su hogar.
El principito parecía un ser ingenuo. Probablemente alguien lo hubiera visto al caer y lo habría acogido en su casa, pero él no se habría dejado, el pequeño príncipe tiene mucho carácter. Sabe lo que quiere y no se deja engañar por cualquiera. Pero el principito tampoco se conformaría con vivir al raso porque es muy delicado, tanto como su rosa. Llegaría confuso, mirando a un lado y a otro, viendo a la gente pasar y preguntándose a dónde van tan deprisa. Pensaría: “Las personas mayores son muy raras, yo una vez conocí a una en un planeta muy serio, pero nunca había visto a tantas juntas”. No hablaría con nadie, a él no le gustan esas personas serias. Esperaría a ver dos niños jugando o se iría a un lugar con flores que le recordara a su casa.
El principito ya tenía un cordero para su asteroide, ¿qué más podía querer de nuestro mundo?, ¿vendría buscando algo? Seguramente venía a nuestro planeta en busca de un amigo. Tenía una flor, pero no tenía un amigo.
Si quería un amigo yo estaría encantada de estar con él y ser su amiga.
Si tuviera la oportunidad de hablar con el principito lo subiría a una montaña muy verde y le enseñaría la línea del horizonte. Seguro que le gustaba ver un planeta tan grande desde lo alto, aunque si cayó desde el cielo, en el camino pudo verlo mejor de lo que yo se lo pudiera enseñar. Quizá le gustaría el mar, le llevaría a la costa para que viera el agua, conociera a los peces y los amara.
Hablaría con él e intentaría convencerle para que me invitase unos días a su asteroide en el que tantas veces pienso cuando miro las estrellas. Le trataría de explicar las cosas que no entiende y le pediría que me contase su viaje por los planetas. Antes de despedirme, le daría mi dirección y me quedaría con la suya para escribirle poesías y contarle historias de la tierra para que se divirtiera y supiera qué significa tener un amigo de verdad.

2 comentarios:

selosnos dijo...

Hacía mucho que no pensaba en el principito...

pozo dijo...

Yo conozco al zorro. Y al principito más que los baobabs le molestaba la flor. Le incordiaba.
Le llevaría a un concierto de Nacho Vegas "y ahora alcanzo a comprender, la tristeza de saber, que hay más estrellas en el firmamento, y verlas pasar como el viento"